El corcho: el material que protege el vino y también nuestros bosques

Hay una propiedad del corcho de la que se habla muy poco, pero que lo hace único entre los materiales naturales: es naturalmente ignífugo.

En el verano de 2012, un gran incendio arrasó más de 14.000 hectáreas en el Alt Empordà, precisamente la comarca donde se concentra buena parte de la producción corchera catalana en municipios como La Jonquera, Darnius y Agullana. De las 4.500 hectáreas de alcornocales afectadas, el 90% de los árboles gestionados empezó a mostrar signos de regeneración pocas semanas después del fuego. Los pinos de la misma zona, en cambio, tardarán entre 20 y 30 años en recuperarse.

incendi alt emporda
alcornoque resistencia al fuego

¿Qué explica esta diferencia? La corteza de corcho.

Según la doctora Patricia Jové, responsable de I+D+i de la Fundación Instituto Catalán del Corcho, «el alcornoque se considera una especie altamente resistente al fuego debido a las propiedades aislantes de su corteza, y está demostrado que los efectos de un incendio se observan como máximo en las capas más externas de 1-2 mm«.

Dicho de otro modo: mientras el exterior se carboniza, el interior del árbol permanece intacto. Y gracias a su capacidad de rebrotar, el alcornoque puede volver a la vida incluso después de un incendio intenso, algo que muy pocas especies del Mediterráneo pueden hacer.

Los estudios estiman en un 70% el porcentaje de supervivencia de un alcornoque tras un incendio, una cifra que sube significativamente en árboles con una capa de corcho de al menos 20 milímetros de espesor. Es una protección que ningún material sintético ha sabido imitar.

Además, un alcornocal bien gestionado tiene el sotobosque controlado y una estructura forestal con discontinuidad vertical, lo que dificulta que el fuego salte a las copas y reduce su propagación. El alcornoque no solo sobrevive al fuego, sino que ayuda a frenarlo.

Cuidar los alcornocales tiene un retorno que va mucho más allá de la industria. Estos bosques capturan CO₂, frenan la desertificación y, como demostró el Alt Empordà en 2012, se defienden mejor que cualquier otra especie mediterránea. Apostar por ellos es también apostar por paisajes más resilientes frente al cambio climático y los incendios forestales. Eso no se improvisa. Es el resultado de siglos de coevolución entre el árbol y su corteza.

En Parramon Exportap llevamos desde 1956 trabajando con este material. Una historia larga que, después de aquel verano de 2012, entendemos un poco mejor.